Locales

El sexo débil y los tacos altos

El mundo de habla hispana tuvo que esperar hasta el 2017 para que el diccionario de la Real Academia Española reconociera que la acepción “sexo débil” hasta el momento referida a “conjunto de las mujeres”, en realidad se utilizaba con intención despectiva y discriminatoria. Por Lic. Verónica Crescente

Hasta la mujer más ingenua tiene los genes de las primeras hembras humanas, quienes superaron su propio umbral de dolor, haciéndose más resistentes y fuertes para sobrevivir durante siglos a los mandatos culturales de satisfacción masculina.

No fue gratis y llevó tiempo y lo logró reconociendo que ambos aspectos conviven en el interior de todo ser humano, el femenino y el masculino y que bastaba con desarrollar ambos para ampliar su mirada y abordar más integralmente un mundo en permanente cambio.

Ella aprendió a resignificar su clásica “intuición femenina”, cualidad casi folclórica que hoy cotiza en el mercado laboral y se animó a perforar su propio techo de cristal llegando donde nunca antes lo había hecho: el núcleo duro masculino, el mundo del trabajo, la economía y la política.

Las nuevas protagonistas de la vida laboral no son seres excepcionales, sino mujeres capaces de cuestionar las expectativas que otros tenían sobre ellas, que además de trabajar piensan en su familia, que forman pareja- o no-, que eligen ser bellas si quieren, que se permiten escuchar sus deseos y actuar en consecuencia.

Una agenda emocional envidiable para sus madres e impensable para sus abuelas.

Pero a pesar de demostrar acabadamente su capacidad evolutiva, todavía parece incomodar a mucha gente la idea de una mujer “empoderada”.

Esa mujer que se subió a los tacos altos, no solo como símbolo de femineidad, sino para reafirmarse, para erguirse, para que se reconozca su andar.

Actualmente, estos “tacos altos” – connotados como standard de belleza de una cultura patriarcal- coexisten con la perspectiva feminista de las nuevas generaciones que toman la posta en la liberación de las ataduras machistas.

Todavía puede ser poderoso usarlos, especialmente si a alguien su femineidad le ha sido denostada, como a una mujer trans que se le dice que no es suficientemente mujer, o a una mujer humilde que le hacen creer que las cosas elegantes no son para ella o mujeres que aunque sean ambiciosas y usen pantalones, se sienten muy mujer.

Después de todo. Los zapatos, el maquillaje y la tintura para el pelo son un resultado, no la causa. Con el tiempo vamos descubriendo y valorando cómo puede ser libre una mujer en la sociedad, cuáles son sus verdaderas capacidades y anhelos y porqué se apasiona su corazón.

Quizás para entonces, ya no nos importará cómo se ve.