El empleo privado registrado en Argentina sufrió una herida profunda: más de 195.000 puestos de trabajo se esfumaron, marcando una caída del 3,04%. Sin embargo, al cruzar la frontera de la provincia de Córdoba, el paisaje laboral, aunque afectado por el mismo contexto macroeconómico, muestra una fisonomía distinta.
En un escenario donde el desempleo acecha, Córdoba registró una baja del 2,07% (unos 11.000 empleos menos). Si bien la cifra duele, ubica a la provincia como la séptima con menor pérdida de empleo privado en el país. ¿Cómo se explica este desempeño relativo superior? La respuesta no parece estar en el azar, sino en una red de contención tejida desde el Estado provincial.
Los protagonistas de esta resistencia tienen nombres conocidos por los cordobeses: Programa Primer Paso (PPP) y Empleo +26. En sus ediciones 2024 y 2025, estos planes no solo fueron una «ayuda», sino un motor genuino de contratación.
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6.200 puestos de trabajo directos se crearon bajo la modalidad de contrato por tiempo indeterminado (CTI).
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23.000 beneficiarios lograron insertarse en el mundo laboral a través de prácticas profesionales, ganando la experiencia que el mercado hoy exige y a menudo niega.
La comparativa: Córdoba vs. el «Efecto Vaca Muerta»
Para dimensionar el impacto de estas políticas, los especialistas recurren a una comparación sorprendente. Neuquén, impulsada por el boom energético de Vaca Muerta, lideró la generación de empleo en este periodo. Sin embargo, los 6.200 empleos directos generados por los programas de Córdoba representan 2,7 veces la totalidad de los nuevos puestos privados creados en la provincia patagónica. Dicho de otro modo: lo que Córdoba generó por política pública activa supera con creces el crecimiento orgánico de la provincia más dinámica del país.
¿Qué hubiera pasado sin el PPP?
La crónica del empleo en Córdoba podría haber tenido un final mucho más oscuro. Los analistas son categóricos: sin la intervención de estos programas, el escenario habría sido «considerablemente más adverso».
Si restamos los empleos impulsados por el Gobierno provincial, la caída del empleo registrado en Córdoba no habría sido del 2,07%, sino del 3,24%. Esto significa que, en lugar de 11.000, la provincia habría perdido más de 17.200 puestos de trabajo.
Más que una estadística: un aval académico
El éxito de estas herramientas no es una percepción nueva. Ya en 2017, el PPP fue evaluado académicamente, demostrando ser un puente efectivo para jóvenes sin experiencia. Hoy, la apuesta se redobla con el análisis del impacto en personas con discapacidad, buscando que el «primer paso» sea verdaderamente inclusivo.
En conclusión, mientras el mercado laboral nacional se retrae, la estrategia cordobesa parece haber encontrado una fórmula de supervivencia. En un contexto de incertidumbre, sostener el empleo formal no es solo una decisión económica; es, ante todo, un acto de preservación social.





