Zona Rural

Una fuerte sequía llena de interrogantes al trigo del sudeste cordobés (*)

Que en los inviernos nuestros generalmente no llueve, no es novedad. Lo que sí es novedad, y más teniendo en cuenta las últimas campañas, es la escasa recarga otoñal que tuvimos para sinergizar con la escasez del invierno.

En el sudeste terminamos Abril con valores dispares de precipitaciones según las zonas, que oscilaron entre 12 mm cerca de la Ruta prov.6 hasta cerca de 70 mm en algunas localidades de la Ruta nac.9. Situación que generó diferentes estrategias de manejo para encarar una campaña que no le sobraba nada desde la recarga de los suelos y en la cual los pronósticos no eran del todo alentadores.

Como veíamos que las tormentas pasaban y no dejaban nada, mi recomendación desde INTA a fines de abril se resumía en sembrar lo antes posible, buscando los rastrojos de maíz (que es donde más humedad había) e incorporar el nitrógeno presiembra.

Obviamente es una estrategia que contempla adelantar su fecha de inicio para intentar que el sistema radicular del cultivo pueda “copiar” la humedad del perfil lo antes posible, pero también es un planteo que puede quedar más jugado con el riesgo de heladas cerca de su periodo crítico. Pero a la hora de tomar decisiones es necesario determinar cuál es tu limitante principal dentro de tu sistema para obtener el objetivo, y en la mayoría de los lotes el problema principal era la falta de humedad. También es vital dentro de ésta estrategia la elección del material genético, el cual tiene que ser un genotipo con gran tolerancia al frio ya que lo implantaremos sobre rastrojos de maíz donde el peso de las heladas es aún mayor por su cobertura.

En regiones con escasas precipitaciones invernales cuando antes apliquemos el nitrógeno en el sistema mayores serán las probabilidades de incorporación, sumado a que, si lo “incorporamos” en vez de “voleralo”, mejoramos muchísimo su eficiencia no solo por evitar pérdidas de inmovilización y volatilización sino también por no necesitar muchas lluvias para que esté disponible.

El inicio de la siembra fue muy distinto al de las últimas campañas donde nos habíamos acostumbrado a sembrar en el barro. La condición de sequía se mantuvo hasta ahora, donde a hoy en mediados de agosto venimos sin ningún milímetro en el ciclo y con muy baja cantidad de agua almacenada en los perfiles. Entre mayo y julio tuvimos el peor trimestre desde 2008.

Si bien el trigo tiene una gran tolerancia a heladas desde su implantación hasta macollaje, la combinación con falta de humedad incrementa el estrés, empezando a determinar cuáles van a ser sus macollos viables. El período de heladas agronómicas (temperaturas mínimas a intemperie, 5 cm del suelo) en la zona habitualmente puede comenzar en abril y cesar en octubre. Esta campaña se demoró el ingreso de los primeros frentes fríos en abril y comenzaron en mayo.

Las heladas, si bien comenzaron un poco tarde por el otoño benévolo en cuanto a temperaturas que tuvimos, cuando decidieron empezar a aparecer lo hicieron de una manera muy intensa con valores por debajo de -8°C en algunas mañanas.

Pero puede ser peor. Después de no haber recibido precipitaciones previas a la siembra y tampoco durante sus primeros estadios y de venir sufriendo el embate de uno de los peores julios de la historia, aparecieron los característicos veranitos de agosto. Con temperaturas que rondan los 30°C durante el mediodía, el clima no le viene dando una mano a los trigos. Estos intensos calores sin nada de humedad no hacen más que someter el cultivo a un mayor estrés.

La posibilidad de recibir lluvias durante lo que queda del mes y septiembre podría revertir mucho la situación de los trigos en la zona. Si bien los pronósticos no son optimistas en cuanto a precipitaciones, un poco de agua cambiaría bastante el potencial. La expectativa esta puesta en que se revierta rápidamente la situación ya que el cultivo está por comenzar su etapa de mayor demanda de agua y nutrientes.

Otro dato alentador es que el trigo es sumamente «rústico» durante estos períodos que le tocó transitar, siendo muy eficiente en el uso del agua y, a su vez, pudiendo soportar hasta -11°C hasta final de macollaje.

Otra cuestión positiva es que, al sembrarse bastante superficie sobre maíz, buscando perfiles con más agua almacenada, el rastrojo a su vez contribuyó eficazmente en reducir la evaporación del lote. Situación que contrasta muy visiblemente de los lotes sobre soja y sembrados más tarde.

Si bien las condiciones no nos hacen pensar en una gran campaña, todavía existe la posibilidad de que se revierta la suerte en las etapas más demandantes del cultivo, encañazón y floración.

(*) Por Juan Pablo Ioele

Coordinador de la Plataforma de Innovación  Territorial Este de Córdoba.

Coordinador de la Red Maíz INTA Marcos Juárez. Jefe de la Agencia de Extensión INTA Corral de Bustos.