Locales

La extinción de dominio: Una deuda pendiente

Supongamos que Juan, un niño de 6 años, estuviera jugando con sus autos de plástico. Imaginemos que Juan viera a Martín, quien está jugando con
su propio juguete: un muñeco. Juan deja sus autos, se lleva uno solo de ellos y con ese auto le pega a Martín hasta que logra sacarle el muñeco. Nosotros presenciamos esa situación, frente a la cual decidimos intervenir con tres acciones: le quitamos el muñeco a Juan y se lo devolvemos a Martín; le quitamos a Juan el auto con el que le pegó a Martín; y le prohibimos a Juan mirar televisión por una semana.  Por Dra. Regina Rinaldoni

La pregunta que me interesa analizar es la siguiente: ¿con cuáles de estas acciones se busca castigar al niño? ¿Qué medidas reflejan la intención de
infligirle un mal, por más leve que sea? Cuando le sacamos el muñeco a Juan y se lo devolvemos a Martín, no estamos buscando aplicar un castigo. Lo que pretendemos es que el juguete regrese a su legítimo propietario.

Nota completa en Edición Impresa